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  TELEVISIÓN

Los hermanos mirándolo a Jorge Rial.
Gran Hermano y los realitys: un formato que no tiene más sentido salvo el del rating fácil.
…Y NADA
por Luisito Pereyra. Especial para dulatina.com

¿Qué se puede hacer salvo ver películas? Era la pregunta de una de las canciones de La Máquina de hacer Pájaros. Hay tan pocas cosas para ver en la tele abierta argentina que un programa como Gran Hermano es el más visto (o uno de los más vistos) del país. Un programa que evoluciona menos que los programas de Sofovich, yendo siempre a lo seguro. Al casting premeditado, al escándalo hecho por la fuerza. Todo eso que deviene a que mucha gente siga el programa como si fuese algo de vida o muerte, que festeja las flatulencias o puteadas de algunos de los “hermanos” en un horario donde antes se pasaba, como muy zarpado, El Chavo. Todo en un programa que parece no tener nada de malo, no tiene nada de bueno y, como dijo mi mujer, “no tiene nada”. Sean bienvenidos al “show de la nada”. Eso sí, nada que ver con el de Seinfeld.

UN GRAN REMEDIO PARA UN GRAN MAL: defendiendo lo indefendible
Mientras en otros países se devanan los sesos para ver cómo hacer más original el formato, el GH argentino se quedó en la época de Solita Silveyra gritando “Vamos mis valientes” como si fueran a una sala de tortura o repitiendo que el programa es “la vida misma”. Ese argumento no se lo cree ni siquiera Jorge Rial, el más despiadado periodista chimentero de Argentina, que pareció no haber dudado meterse de conductor de un programa que desde que empezó el ciclo se dedicó a destrozarlo. Una prueba al canto de que como sea, hay que llegar a la cúspide de la audiencia. Con Rial de por sí, hay mucho cachengue. Y, por supuesto, se va a guardar muchas exclusivas para su programa, Intrusos del espectáculo y su sitio primiciasya.com.
Precisamente en ese sitio hay una columna donde él escribe, a modo de editorial, sobre algún tema en particular, pero mezclando un hecho de la farándula con la realidad social. Ahí se refirió sobre el “fenómeno” de GH y unas declaraciones de Daniel Filmus, el Ministro de Educación candidateado por el oficialismo para Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires referentes al programa. En un principio empezó recombativo, diciendo que “esta exposición de los participantes convoca masivamente a nuestro morbo”, que “para desgracia de muchos giles, no es” la vida misma, aunque no aclara a qué giles se refiere. Pero en una redacción realmente admirable de parte del empresario del periodismo de espectáculo (cabe recordar que es editor de la escandalosa revista Paparazzi), la editorial tiene un twist narrativo sorprendente. “Pero no hay que confundir. Ninguno es tan miserable, ni tan malo, ni tan generoso, ni tan enamoradizo, ni tan sexy (hablando de los participantes del reality). Es lógico que la gente tome partido. Ellos saben perfectamente que es simplemente un programa de televisión” Ah, bueno, nos quedamos tranquilos. Los “giles” no son el público. Pero, ¿qué clase de morbo sigue la gente? ¿El morbo de querer ser famoso, ganar mucho dinero y no hacer nada? ¿Realmente la gente es tan cholula que muere por estar en la casa y salir en la tele? Y sí. Y para mucha gente, no hace falta que sea discriminatoria o pedante. Basta con ser sensata para decir que esa gente sí puede ser del grupo de los “giles” a los que refiere Jorge Rial. Pero por esos “giles” tanto Rial como la Canosa (Viviana, conductora de Los Profesionales de siempre, el Intrusos de Canal 9) y todo el resto del periodismo farandulero (salvo los canales del Grupo Clarín, el 13 y TN), comen de lo poco espontáneo que sucede en “la casa”.

OJOS DE VIDEO TAPE: los realitys de Canal 13.
Como es costumbre nuestra, vamos a hacer un poco de historia en esto de los reality shows. Mientras en los canales de aire argentinos sólo queda este pobre exponente, el furor llegó antes del fin del milenio con la primera edición del Big Brother, publicitado por Telefé como la octava maravilla del mundo. En tanto, Canal 13 no se iba a quedar atrás y lanzó Expedición Robinson, la versión local del Survivor, para muchos, el mejor reality que se hizo en Argentina. A diferencia del GH, ahí sí pasaba de todo. Los juegos eran más emocionantes que los de la casa de GH y lo que menos hacían los participantes era morirse de aburrimiento. Durante casi dos meses tenían que estar en una isla inmensa, viviendo de lo que había ahí y, claro, nada de comodidades. Eso alteraba bastante el comportamiento de algunos, que de tener todos los lujos en la ciudad, tenían que soportar hasta el olor de su propio cuerpo en una isla a la que le faltaban las trampas y era la de Lost. Conducido por un Julián Weich que no le salía ser serio, Robinson tuvo muchísimo éxito, a caballo de una edición excelente y un suspenso nunca visto en un programa de ese tipo (sumado al hermetismo de parte del canal para no revelar el final, grabado un mes antes), que suscitó una nueva temporada al año siguiente. Los rumores de una tercera temporada se truncaron de golpe por la crisis del 2001. Robinson salía mucho más caro que encerrar a 12 personas en una casa. Y hablando de casas, el 13 y la productora Promofilm (creadora o productora, según el caso, de Robinson, Sorpresa y ½ y Fort Boyard) tuvieron su propio Big Brother, pero mucho más tenebroso. Se llamó Solos en la casa e iba los domingos a las 21, en el horario que dejó vacante el incontrolablemente exitoso Sorpresa y ½. La cosa era así: tres mujeres y tres hombres tenían que estar en una casa durante un fin de semana y someterse a las órdenes de un televisor al que sólo se le veían las ondas sonoras de una voz sintetizada en la pantalla. Ese gran hermano cuadrado era lo más turro que existía. Te hacía levantar a las 4 de la mañana para cumplir una prenda o te hacía enfrentar con otro participante para que uno elimine al otro con la frase “decidan quién de los dos se va ahora de la casa”. Así, a lo negro. El programa no sólo se limitaba a lo que se veía por Canal 13, ya que la extinta empresa de TV satelital Sky (ahora perteneciente al grupo de DirecTV) tenía un canal exclusivo para pasar mucho material extra del programa. Lamentablemente, el formato fracasó rápidamente y estuvo sólo tres meses al aire. Ese fue el comienzo de los fallidos en materia de realitys para el canal del barrio de Constitución. En el programa “Siempre listos”, cuando lo conducía Guillermo Andino, había una suerte de reality conducido por el afamado Doctor Alberto Cormillot donde unas cuantas personas excedidas de peso eran seguidas por las cámaras en su difícil proceso por adelgazar. Ahora, con mucho más show, está “Cuestión de peso” en las tardes femeninas del 13, que vuelve tras el fin del ciclo “Para siempre (ni solos ni solas)”, un programa que originalmente se iba a llamar “SOS (Solos o Solas)”, donde en un principio iba a ser otro remix del clásico de Roberto Galán “Yo me quiero casar, ¿y Ud?”, pero cuando el rating no respondía, se les ocurrió hacer “la gran Gran Hermano”, encerrarlos en una casa y que se maten entre ellos. Que ese me tiró los galgos, que ella es muy comehombres, que él es muy mujeriego, que ella me quitó el macho y todo así. Pasan los videos, magistralmente editados como para que parezca importante y en el estudio (¡en vivo!) están, ponele, la María y la Jessica, una en una punta y la otra en la otra, en el medio, la conductora haciendo de “anti-mediadora” y las otras mas todo el grupo de solteros y solteras, discutiendo a lo programa de Moria. Un par de puntos más de rating han logrado. El odio y el sexo siempre venden.
Eso sí, la cereza de la torta terminó siendo La oportunidad de tu vida, el programa dentro de Sorpresa 2002, la fallida vuelta de Sorpresa y ½ con Julián Weich pero sin Maby Wells, donde se iba a elegir a la futura estrella de la canción. Ganó Paolo, un chico que tuvo sus 15 días de fama, video en MTV, posters en Musimundo… y la rescisión de contrato más rápida de los últimos años de la TV argentina. Y para estar en sintonía con el exitoso e importadísimo Operación Triunfo de Telefé (importadísimo porque no solo trajeron de su España natal su indescifrable nombre al estilo de película de los ’70, sino también el término “gala” a los especiales de elección del publico o raje de alguno de los participantes), el 13 puso al aire Escalera a la fama, un reality donde, al estilo American Idol, se elegía a la mejor voz pop. Debido a la presión de la gente (bueh, así nos hicieron creer), no iba a haber un solo ganador, sino que iban a salir dos cantantes y dos grupos vocales ganadores (que, sacando cuentas, iban a terminar ganando todos). Así “ganaron” Pablo, Luli, el cuarteto Madryn y el dúo Gamberro. Sin contar el disco que sacaron para presentar cuatro temas de cada ganador, sólo llegaron al disco (el premio por el cual se competía) los Gamberro (¡hasta grabaron en Abbey Road!), los Madryn sólo tuvieron un medio hit que fue el tema de una novela y Luli grabó su disco independientemente de lo que fue Escalera a la Fama un año después. Pablo, el principal ganador del programa, nunca grabó su disco. Y hay más. Canal 13 también emitió Generación Pop, el reality donde Reina Reech elegía a las futuras estrellas pop entre niños y preadolescentes. Los chicos terminaron formando Scratch 8, sacaron un disco y nunca más se supo de ellos. La fama no los cegó tanto como para dejar el polimodal.
¿Ahora se dan cuenta por qué Canal 13 prefiere competir a la noche con películas o con Tinelli y sus concursos preconcebidos “por un sueño”?

SOLITARIO BESANDO MI ALMOHADA: los realitys de Azul TV y Canal 9
La producción de realitys del canal del barrio de Palermo fue tan escasa como inconstante fue su programación cuando se llamó Azul Televisión durante cuatro años y volvió a llamarse Canal 9. Sólo dos programas tuvieron cierta repercusión. Uno de ellos era Confianza Ciega, basado en La Isla de la Tentación que pasaba Fox, donde seis parejas de futuro casamiento tenían que vivir en casas separadas y rodeados de “seductores” y “seductoras” que no paraban de provocarlos y generar situaciones por demás comprometedoras (inolvidable la de una participante que se dejaba deslumbrar por un seductor cantándose “Endúlzame los oídos”, mientras el tipo le pasaba el vaso de whisky helado por su escote para que se le paren sus pezones; y vaya que lo logró). Imaginate que ves a tu pareja en una situación así, te lo muestran en video delante de ella, lo tenías a Juan Castro que en esto de provocar le gustaba y mucho (¿se acuerdan cuando en Kaos en la ciudad el tipo le preguntaba a una madre de una víctima del gatillo fácil qué haría si tenía en frente “al hijo de p*ta que mató a tu pobre hijo”?), se iba del lugar y ya está. El programa se hacía solo.
Pero el monumento a lo bizarro y a lo inducido fue “Reality Reality”, la creación de Enrique Estevanez, el productor de telenovelas que ahora tiene mucho éxito en Telefé en el horario de la tarde, que pergeñó el programa para burlarse de todos los realitys que inundaban la grilla televisiva. Juntó a muchos actores “de reparto” y los encerró en una mansión para que convivan y hagan cosas de actores. Lo de “burla” era evidente. Nadie de los que estaban era un perfecto desconocido y todos sabían a qué se atenían. Era un taller actoral las 24 horas del día (que se podía ver incluso por un canal de Multicanal a cualquier hora). Eso sí, el summun del programa fue la cultura etílica de Juan José Camero, que cada vez que tomaba una botella de más, mandaba más fruta que un programa del gordo Casero. El momento donde se metía con el pijama puesto a la piscina de la casa a altas horas de la madrugada fue el más recordado del ciclo conducido por una inmutable Karin Cohen.

UN MILLÓN DE MOSCAS: los realitys de América 2.
A diferencia de los super editados Super M (buscando a la nueva top model argentina) y Camino a la gloria (buscando al nuevo crack de fútbol) que pasaba Canal 13, la productora Cuatrocabezas tenía en la pantalla del canal de La Plata (o de Palermo Hollywood, según donde transmitan) una suerte de Gran Hermano pero con una diferencia fundamental: sus participantes no estaban del todo encerrados, sino que debían administrar un bar temático en plena zona norte del Gran Buenos Aires. Eso era una garantía de que siempre iba a pasar algo, además de un casting que aseguraba roces de todo tipo y futuras estrellas de la farándula (la travesti Mariana Aria y la vedette Pamela David salieron de ese reality). Tuvo el sencillo nombre de El Bar y duró sólo dos temporadas, quedando en la historia por su complicado promedio de puntos positivos y negativos y lo zarpados de sus participantes, a tal punto de tener que cortar muchas veces la transmisión, incluso la del canal exclusivo de Sky (que se anotaba en todas).
Otro semi-reality, pero en formato de programa de entretenimientos, era Vil Metal. Seis participantes tenían una historia cada uno de por qué necesitaban tanta cantidad de plata. El juego era ver quién decía la verdad y quién mentía. Así, se enfrentaban para ver quién se pisaba primero en sus argumentos. Uno de sus programas, el más memorable, fue cuando un participante dijo que necesitaba el dinero para operar a su hermano. Llegó a la final con una mujer con casi igual necesidad. Estaba la posibilidad de repartirse el premio. Si la elección secreta de cada uno coincidía en “reparto la plata”, se repartía la plata. Pero si un participante elegía “me quedo con todo” y el otro “reparto la plata”, ganaba quien elegía esa última opción. Y así pasó, el tipo eligió “reparto” y la mujer, “me quedo con todo”. Cuando se pregunta si los argumentos de cada uno eran ciertos, resultó ser que la mujer decía la verdad y que el tipo, quien ganó, ¡¡mintió!! Sobradamente, dijo mirando a la cámara “ahora salgo de acá y me patino toda la guita en el casino”. Duró muy poco, pero levantó mucha polvareda más allá de lo creíble o no que era.

EL PRIMERO TE LO REGALAN: el reality de Canal 7 y el destino de los que tuvieron tan corta fama.
Era evidente que el canal del Estado no iba a prenderse en el furor de los realitys (de hecho no lo hizo) y que si algún día iba a hacerlo, sería algo muy cuidado. Y fue así. Pepito Cibrián y Angel Mahler, los máximos exponentes de la comedia musical contemporánea, por primera vez en su carrera van a mostrar cómo es la realización de una de sus obras desde el casting hasta la puesta final. Conocidos por darles oportunidad en cada obra a nuevos valores, junto a Canal 7 crearon “Aquí podemos hacerlo”, en alusión al clásico del género “Aquí no podemos hacerlo”, un programa en formato docu-reality, donde se muestra todo ese proceso que termina cuando se abre el telón. Sin duda, un programa que promete. Cosa que nunca ocurrió u ocurrió en menor medida con los ganadores y los perdedores de los principales realitys argentinos. Mucho menos al que inventó ese mamarracho llamado "El beso del osito", el forzado tema hit del GH 2007. Quien tuvo un futuro bastante promisorio fue el primer ganador del primer Gran Hermano, Marcelo Corazza, que se dedicó a la producción de programas de TV y fue un digno movilero en el programa solidario Dar es dar, conducido por Juan Alberto Badía. El resto de los ganadores (y perdedores aún más) tuvieron (y tienen) un paso más que intrascendente en los programas de chimentos, aportando su (in)experiencia en la dichosa casa. Por el lado de Robinson, solo tres superaron el océano que había entre esa isla y la civilización de la fama. Pocos se acuerdan del ganador del primer Robinson, Sebastián, pero quien quedó para la posteridad fue Picky Paiño, la chica que en una de las últimas prendas donde ya se estaba definiendo al ganador, se dejó ganar por otro participante que, por su historia, necesitaba realmente el premio de 100.000 pesos. Hoy Picky trabaja en el San martín haciendo obras clásicas y se dio el gusto de rechazar papeles en Mujeres Asesinas porque no le gustan las escenas de sexo de ese programa (¡genia y figura!). De ese primer ciclo también siguieron con un poco más de fama dos participantes más; uno de ellos, el más puteador, terminó conduciendo un programa infantil en el canal Magic; el otro llegó a co-conducir Venite con Georgina Barbarossa. En menor medida de recordación fue la segunda ganadora del ciclo, Vick, que padeció la peor tortura psicológica en un reality. Ponele que quedaban cinco más ella, los cinco la volvieron loca y era la única remota esperanza de que gane algún “bueno” en la isla. En el último juego, Vick zafó ¿milagrosamente? de la eliminación al ganar esa prenda. Lo de milagrosamente lo podemos poner ahora entre signos interrogatorios, pero en el momento que se emitía ese momento más de uno nos quedamos sin dedos, porque las uñas no teníamos más. De ese último Robinson, ninguno de sus participantes se puede quejar de una fama que hoy le siga perdurando, buena o mala. Nadie se acuerda de ellos, aunque en el momento en que se emitía era más factible que queden “guardados” antes de poner en riesgo sus vidas por parte de los furiosos televidentes.

Y SI TE VIENE ALGUNA DUDA: una conclusión
En un presente donde la nada es atractiva, donde cualquier cosa que salga en la tele está bien sólo por la simple razón que sale en la tele, donde los mejores exponentes de este género televisivo tengan que venir de afuera y sólo los podamos ver por cable, donde las trasnoches de películas fueron relegadas por chicas de busto prominente que te invitan a jugar gastando el crédito de tu celular o tres horas de gente que está durmiendo o hablando de nada, donde a los medios ni siquiera les hace falta convencer a la gente que eso es “la vida real” porque todos quisieran estar en esa casa para ser un poquito más famosos y adinerados sin hacer mucho, donde lo más parecido a Robinson sea Odisea, el pseudo show de Marley con dos equipos de mediáticos que hacen como que sobreviven en una isla, donde lo entretenido no tiene por qué necesariamente ser interesante… es lógico que un programa como Gran Hermano 2007 sea la comidilla de la gente que cree que sólo existe Telefé en su televisor. Todo este furor va a pasar tan rápido como los finales de Montecristo o Resistiré. Y es muy probable que haya un nuevo engendro como éste dentro de poco o se siga estirando hasta que se corte solo. Evidentemente, en el país de los televidentes ciegos, el hermano tuerto es rey.

MARZO 2007



click para ampliarrevuelvan, chicas, revuelvan

RAZONES DE PESO:

La famosa "profe", que de no haber estado en GH iba de cabeza a nuestra lista de dulachicas. A su derecha, cómo ser sexy y saber que te mira medio país hasta cuando servís fideos. No, si es "la vida misma", ¿eh?

click para ampliar la boca de Nadia

el teléfono blanco de las películas de Zully Moreno!!

PEQUEÑAS DELICIAS DE LA VIDA CONYUGAL:
Arriba vemos a las hermanas en la mesa haciendo no sabemos qué. La que se ríe es Nadia, famosa por tres razones: su lenguaje procaz, su "maldad" (que todavía estamos buscándola) y por salir en la Paparazzi vestida como vedette. Si va a curar el cáncer no hablan. En la foto de abajo se ve el famoso teléfono que si uno lo levanta o lo echan o se queda o le dicen hola, qué se yo.

 

 
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